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Álvaro Lozano Gutiérrez, nacido en Bogotá d. c. Colombia en 1978. Realizó estudios de filosofía en la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín. Desde el año 2010 hace parte del Colectivo Literario Surgente, Letras informales y el Cine Club Caldo Diojo. Actualmente se desempeña como docente de secundaria. Finalista en el Premio Nacional de Crónica Ciudad Paz (2018). Ganador del concurso de cuento corto latinoamericano (2017) con el relato ‘Esta tierra que habitamos’; y del Concurso Letras Diversas, Revista Goliardica (Medellín, 2001) con la crónica ‘La bohemia’. Finalista del concurso Bogotá en 100 Palabras con el relato "Encuentro". Colaborador habitual del Periódico Periferia Prensa Alternativa y del Taller de Formación Estudiantil Raíces TJER de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas en Bogotá. Publicado en variados medios impresos y digitales en Colombia y América Latina.
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domingo, 22 de enero de 2017

Pulp Fiction. (Crítica)


Título original: Pulp Fiction.
Año: 1994.
País: EEUU.
Dirección: Quentin Tarantino.
Guión: Quentin Tarantino.
Fotografía: Andrzej Sekula.
Música: Varios.
Reparto: John Travolta, Samuel L. Jackson, Uma Thurman, Harvey Keitel, Tim Roth, Amanda Plummer, Maria de Medeiros, Ving Rhames, Eric Stoltz, Rosanna Arquette, Christopher Walken, Bruce Willis, Paul Calderon, Bronagh Gallagher, Peter Greene, Stephen Hibbert, Angela Jones, Phil LaMarr, Robert Ruth, Julia Sweeney, Quentin Tarantino, Frank Whaley, Duane Whitaker, Steve Buscemi, Burr Steers.
Productora: Miramax Films / Band Apart / Jersey Films. Productor: Lawrence Bender.
Sinopsis: Jules y Vincent, dos asesinos a sueldo con no demasiadas luces, trabajan para el gángster Marsellus Wallace. Vincent le confiesa a Jules que Marsellus le ha pedido que cuide de Mia, su atractiva mujer. Jules le recomienda prudencia porque es muy peligroso sobrepasarse con la novia del jefe. Cuando llega la hora de trabajar, ambos deben ponerse "manos a la obra". Su misión: recuperar un misterioso maletín..

Género: Thriller.


HISTORIAS DE VIOLENCIA.

Cuando se pide a cualquiera de los actores de la película Pulp Fiction que describa el guion, sus primeras reacciones son de extrañeza ante la sencillez de la historia y la forma narrativa mínima.
La película está realmente hecha para ser vista en sus detalles más minuciosos, porque además de ser la creación de un genio del cine, es realizada por un cinéfilo.  El crítico ingles Christopher Frayling, en su libro: leone, algo que con la muerte, plantea que esta es una de las características de la verdadera sensibilidad audiovisual. La etapa de preparación y escritura de los guiones de leone, y en este caso de Tarantino, muestran unos núcleos narrativos que giran en torno a historias ya tratadas ampliamente en la historia del cine: La rivalidad entre familias, la amistad entre hombres, la lucha entre bien y mal, un asalto que termina complicándose o la guerra como escenario de muerte y venganza.

Pul Ficción opera dentro de tres historia: Vincent Vega debe salir con la mujer de su jefe, un peligroso mafioso acostumbrado a la violencia extrema; Butch es un boxeador decadente que gana la única pelea que debe perder atrayendo hacia sí mismo una muerte segura; y por ultimo Jules, un asesino y criminal de poca monta, que trata de re direccionar su vida después de sobrevivir a un ajuste de cuentas que casi acaba con él.  Para Tarantino estas historias tiene  un hilo conductor poco probable: todo debe fracasar al final.


Los largos diálogos, que esta vez dan inicio en un restaurante, son la antesala de grandes estallidos de violencia. Los personajes se sumergen en un mundo donde la muerte y el conflicto se ha normalizado, es un escenario donde las vidas están destinadas a agotarse entre la ambición de algunos y el caos absoluto de un mundo donde el concepto de justicia se deslegitima y da paso a la ley del más fuerte. En este sentido Pulp Fiction es un Film Noir con amplios espectros de humor negro.
  
Al igual que los Western de Sergio Leone donde el Atrezzo es de vital importancia, Tarantino logra crear una atmósfera retro con el cuidado de cada detalle en la escenografía y la caracterización de los personajes. El Jack Rabbit Slims fue diseñado a partir de muy precisas indicaciones den el guión para dar la apariencia de los restaurantes temáticos de los años cincuenta. De la misma manera el vestuario de Vincent y Mía exacerban los tópicos propios del matón de mafia decadente y la Femme Fatale. La unidad se recrea de manera ya memorable en el baile de ambos, evocando los inicios del Actor Jhon Travolta en películas como Fiebre del sábado por la noche (1977) y Graase (1978).


Si bien las critica norteamericana apuntaba la violencia como el mayor de los problemas de la cinta, lo cierto es que la forma que toma el guión muestra más bien una cierta mirada a los modos como Hollywood ha convertido la sangre y la muerte en un producto del mercado, donde los sujetos y sus cuerpos son meros objetos con los cuales la pantalla construye relatos inverosímiles pero que a la larga reemplazan la realidad. El espectador que no logra ir más allá del dispositivo asume que el acto de asesinar no es sino una manera de establecer el perdido equilibrio de una sociedad antes más estable y ahora en total desajuste.  Tanto las películas bélicas de los años ochenta como Pelotón de Oliver Stone (1986) y las cintas policiacas como Vengador anónimo , Michael Winner (1974), la violencia es la solución, aunque el mundo no entrará en el anhelado equilibrio.
Tarantino que hasta su más reciente estreno de Los ocho más odiados (2016) ensambla sus bandas sonoras de temas populares del Rankin norteamericano y el Spaguetti Western; retoma el tema girl you'll be a woman son para aditarlo a una de sus escenas mas memorables y dejarlo como uno de los referentes sonoros mas importantes de la historia del cine contemporáneo. El baile en medio de un restaurante de otras épocas acaba de Decosntruir la imagen en movimiento a través de tres historias, muchos personajes y guiños salas de cine del barrio.          
                           
 Álvaro Lozano Gutiérrez

PERROS DE LA RESERVA (Crítica)




Título original: Reservoir Dogs.
Año: 1992.
País: EEUU.
Dirección: Quentin Tarantino.
Guión: Quentin Tarantino.
Fotografía: Andrzej Sekula.
Música: Varios.
Reparto: Tim Roth, Harvey Keitel, Chris Penn, Steve Buscemi, Michael Madsen, Lawrence Tierney, Randy Brooks, Kirk Baltz, Edward Bunker, Quentin Tarantino, Burr Steers.
Productora: Live Entertainment / Dog Eat Dog Productions.
Sinopsis: Una banda organizada es contratada para atracar una empresa y llevarse unos diamantes. Sin embargo, antes de que suene la alarma, la policía ya está allí. Algunos miembros de la banda mueren en el enfrentamiento con las fuerzas del orden, y los demás se reúnen en el lugar convenido..
Género: Thriller.


LA ESTÉTICA DE LA VIOLENCIA.

Los años noventa habían presenciado el agotamiento de la llamada generación de los  “Chicos amados de Hollywood” conformada por Coppola, Scorcese, De Palma y Spiberg. El cine que reflejaba la gente común, heredero tanto de las vanguardias europeas como del inconformismo de una generación de jóvenes directores, dio paso a mega producciones que basaban su propuesta en criaturas venidas del espacio, monstruos sanguinarios y héroes llenos de músculos que salvaban la civilización occidental de su enemigo comunista.

Dos hechos aparentemente fortuitos estaban a punto de cambiar este panorama generando un movimiento conocido como “cine Indi” o “cine independiente”. Robert Redford crea la escuela de cine y festival de Sundance en el poblado de Park City, cerca de Salt Lake City, la capital del estado de Utah. Su intención  era reunir a nuevos directores por fuera del circuito comercial y generar propuestas estéticas más cercanas al cine de ensayo y autor. Por otro lado los hermanos Harvey y Bob Weinstein fundan MIramax, que comenzando como una distribuidora de todo tipo de películas (especialmente aquellas que real o virtualmente tuvieran alguna referencia erótica), terminará siendo la compañía que más proyectos de nuevos directores ha producido, llevándolas de un público especializado a las grandes salas.


En este ambiente un joven dependiente de una tienda de videos en Manhattan Beach haría su aparición con la película Reservoir Dogs en 1992, su nombre era Quentin Tarantino. 

El guion transcrito totalmente a máquina llega a a manos de Harvey Keitel quien además de protagonizar hará las veces de productor, haciendo posible la realización del este proyecto cinematográfico.

La película da inicio en una cafetería donde solo tangencialmente se habla de un asalto, que será en ultimas el eje central del filme aunque nuca sea mostrado en la pantalla. Pero la conversación se centra en otro punto “No creo en la propina”  es el dialogo que a través de varios minutos del metraje será desarrollado por Steve Buscemi. Está será una de las primeras marcas del director y que aparecerá en sus subsecuentes filmes. Largos diálogos en torno a aparentes temas banales, o por lo menos no relacionados directamente con la trama, que dan lugar a estallidos de violencia, a sangrientas tomas llenas de crudeza que sin embargo configuran toda una estética en torno al tema de la muerte.

Tarantino, educado en los cines de barrio de los años setentas atesorará grandes momentos visuales de las películas de Kung Fu y de los Spaguetti Western consideradas subgéneros o simplemente cine de serie B para consumo en programas de doble función. La escena de la oreja cortada   viene de Django de Sergio Corbucci (1966), donde solo cambia la música y el detalle, ya de culto, del baile del psicota interpretado por Michael Madsen. Los trajes de los asaltantes evocan la estética de los Yakuza-eiga de kinji Fukasaku, donde las historias de violencia son llevadas más allá  del Bushido o código del samurái y narran la vida cotidiana de los bajos fondos en el Japón azolado por las guerras entre mafias locales.


La concepción fatalista de los protagonistas tiene sin duda una influencia en  Jean-Pierre Melville, maestro del polar francés,  cuyos filmes complejizan  a los personajes para poder llevarlos por el camino de la tragedia. Alain Delon de manera hierática se dirige hacia la muerte por que pertenece a otros tiempos, a otro código de moral, es un Samurai. Havey Kaitel no tiene más escapatoria que la de matar a quien desde el principio lo ha traicionado, perdiendo así  la vida, pero ganando la redención.

Tarantino ha llegado al cine con  un Collage visual convertido en obra de arte.
                                      
 Álvaro Lozano Gutiérrez





jueves, 5 de enero de 2017

OUTRAGE BEYOND. (Crítica)



Para mí, la comedia y la violencia tiene muchas cosas en común. Así como se espera, 
la comedia siempre se esconde detrás de la más inesperada de las circunstancias.


Título original: Autoreiji  Biyondo.
Año: 2012.
País: Japón.
Dirección: Takeshi Kitano
Guión: Takeshi Kitano.
Fotografía: Katsumi Yanagijma.
Música: Keiichi Suzuki.
Reparto: Beat Takeshi (Takeshi Kitano), Toshiyuki Nishida, Tomokazu Miura, Ryo Kase, Hideo Nakano, Yutaka Matsushige, Fumiyo Kohinata, Katsunori Takahashi, Kenta Kiritani, Hirofumi Arai, Sansei Shiomi, Akira Nakao, Shigeru Koyama
Productora: Bandai Visual Company / Office Kitano / Tokyo FM Broadcasting Co.
Género: Yakuza-eiga.

Sinopsis: Otomo sale de la cárcel dispuesto a derrocar al clan Sanno, que lo dio por muerto años atrás. A esta venganza personal se suma una guerra entre familias rivales y, también, la ofensiva de las fuerzas de la ley contra el crimen organizado. 

Si Outrage es una película consagrada a la traición su segunda parte explora hasta las últimas consecuencias el tema de la venganza. Otomo, su protagonista,  se revelará en la cinta bien avanzado el metraje y se muestra como un hombre que habiendo salido de prisión solo quiere llevar una vida tranquila.  Todo su clan ha sido devastado, su señor asesinado, su honor perdido: es un Ronin, un Samurai sin Shogún. Su única esperanza para sobrevivir es unirse a su antiguo enemigo quien intentó asesinarlo en la cárcel.


Si bien en las dos entregas de la cinta Kitano muestra un lado más glamoroso de la mafia japonesa, lo cierto es que ofrece un panorama desolador del mundo político y económico en general. Los tentáculos del crimen organizado han corrompido todos los estamentos de la vida y en especial al Estado. La primera escena nos muestra un automóvil siendo sacado del fondo de un rio, un policía ha sido asesinado, y posteriormente será el secretario privado del primer ministro. En cinco años los clanes han alcanzado un inmenso poder, pero ha sido conjugando el modelo criminal con efectivas tecnicas de mercadeo.

Ya no importa si mueres por el Clan, solo si produces dinero

Los miembros más antiguos se encuentran desconcertados, su vida ha sido trazada por el honor, los pactos de Sake y una vida comunitaria que daba seguridad a una época siempre cambiante.

Los nuevos jefes son contadores, hombres frios que buscan solamente el beneficio y escalar en el poder, filtrar y con el tiempo hacerse legítimos. Otomo, Igual que Aniki en Brother (2.000), es una figura anticuada, atemporal que recuerda los valores de una sociedad ya desaparecida y por esto mismo debe morir. Este viejo yakuza refleja una generación llamada a ser leyenda. Su rostro refleja las viejas matanzas entre clanes rivales, su mano derecha ha perdido un dedo por honor. Por esto ha decidido partir, Tokio ya no es su ciudad.

El detonante que pone en movimiento otra vez la historia es la tortura y muerte de los dos jóvenes yakuzas que en buena parte del metraje lo han protegido y ahora constituyen su familia. Su venganza contra los antiguos jefes ahora es un imperativo y comienza con una larga escena donde una pelota de béisbol se convierte en un arma para consumar su vuelta al camino de la violencia.


Si bien el estilo del director se mantiene fiel a sí mismo hasta la última escena, Outrage Beyon nos trae sorpresas y giros. Planos secuencia más depurados, conversaciones mínimas precedidas de largos silencios y que dan paso estallidos de violencia. El personaje de Ishihara , un policía aparentemente corrupto, pero cuyo único interés será destruir a los clanes desde dentro con una sangrienta guerra. El final no puede ser más paradójico, el antiguo yakuza no se inmola como sacrificio al mundo que se ha ido, cede a la Hybris y asesina al policía que lo manipulaba, pero que en realidad  sirvió como instrumento para su venganza.

Takeshi Kitano ha logrado crear un universo en torno a su propia figura, algo solo comparable con Woody Allen o Nani Moretti, con un estilo a contra corriente de los grandes maestros del cine nipón y del Mainstream norteamericano. Minimalista en el uso de la cámara y los diálogos, sus planos vacíos y largos silencios encierran un cine trascendente y realista a la vez, violento y profundamente delicado, el crisantemo y la espada.
                                    
 Álvaro Lozano Gutiérrez.

OUTRAGE (Crítica)

Para mí, la comedia y la violencia tiene muchas cosas en común. Así como se espera,
 la comedia siempre se esconde detrás de la más inesperada de las circunstancias.

Título original: Autoreiji,
Año: 2010.
País: Japón.
Dirección: Takeshi Kitano
Guión: Takeshi Kitano.
Fotografía: Hitoshi Takaya. Musica:Keiichi Suzuki.
Reparto: Beat Takeshi (Takeshi Kitano), Tomokazu Miura, Kippei Shiina, Ryo Kase, Soichiro Kitamura, Renji Ishibashi, Jun Kunimura.
Productora: Warner Bros. Pictures.
Género: Yakuza-eiga.
Sinopsis: Varios clanes yakuza se enfrentan en una lucha implacable por alcanzar el poder y la protección del Padrino. Durante muchos años, Otomo ha visto cómo progresaban sus colegas: de los tatuajes elaborados y las falanges seccionadas han pasado a las altas finanzas. Dentro de un mundo donde reinan la corrupción, la traición y la venganza, sus esfuerzos por llegar a la cima, o al menos sobrevivir, no tienen fin porque en ese mundo no existen los héroes.

En Outrage el director japonés Takeshi Kitano incursiona de nuevo en el Yakuza-Eiga o cine de yakuzas. Desde los inicios de su carrera el tema del crimen organizado y sus tentáculos de poder ha sido expuesto de manera diferente en cada incursión revelando una mirada singular y en cierta medida paradójica.  En Violent Cop (1989) el inspector azuma enfrenta a la banda de Nito, peligroso delincuente con  aires de empresario, terminando de manera desoladora cuando su compañero decide entrar a la red de corrupción que azota el bajo mundo de Tokio. En Boiling Point (1990) dos amigos están en conflicto con la mafia local entrando en contacto con un decadente delincuente en Okinawa y culminando en el suicidio ante la imposibilidad de la justicia. Sonatina (1993) y Hana Bi (1997) muestran cómo ante el poder casi absoluto de estos señores del crimen solo queda el sacrificio y la entrega de la propia vida. Finalmente el verano de Kikujiro (1999) explora desde la inocencia de un niño el mundo de un gánster ya en su etapa de decadencia. Una sola línea une estas películas: crimen de poca monta, un universo  alejado del glamour retratado por el mainstream norteamericano. Si el cine de Yakuzas es la prolongación del Shambara o cine Samurái lo será desde la mirada de quien entiende que la normalización de la violencia huye del héroe.

Outrage hace una apuesta más arriesgada, muestra como la corrupción y los hilos del poder llegan hasta los estamentos más altos de la sociedad.

Si en sus películas anteriores la disputa se reducía al territorio del barrio, a la esquina o al negocio fachada,  en esta ocasión  la corrupción llega al gobierno y a las emblemáticas super industrias japonesas.

Desde el primer plano secuencia vemos una notable diferencia con el cine anterior de Kitano: lujosos automóviles, guarda espaldas dispuestos en una posición ceremonial, trajes hechos a la medida y sobre todo un cambio conceptual en las relaciones. Los Oyabun o jefes de familia ahora serán llamados Presidentes y sus tácticas, aunque ilegales, se acercan más al mundo de los negocios.

El estilo de Kitano se depura para presentar esta nueva visión sobre el mundo del crimen. Largos planos secuencia, momentos de silencio donde los personajes miran hacia el vacío, explosiones de violencia y raccors fuera de tiempo y espacio, lo cual en el llamado modo paramétrico de montaje configura una narrativa donde aparentemente causa-suceso no tienen una conexión lógica, pero en últimas establecen un mundo donde el honor está por encima de todo. Si bien Beat Takeshi  en un principio fue comparado con el magistral director norteamericano Quentin Tarantino sus violencias se distancian diametralmente en lo conceptual. Mientras que en Tarantino la violencia está inmersa en lo dialógico, en la palabra, en Kitano esta precedida por el silencio y la inacción. El mundo interior de los personajes  de cierra detrás de rostros inexpresivos y frases enigmáticas. No sabemos prácticamente nada de los protagonistas aunque algo es seguro: asistiremos a su muerte sacrificial.


La desesperanza en un mundo corrupto, donde los juramentos, los lazos de fraternidad y  la amistad han quedado en un segundo plano, da lugar a un sentimiento de empatía con el personaje. Al igual que Erase una vez en América de Sergio Leone asistimos a la tragedia de un personaje nacido fuera de tiempo, de un héroe que es capaz de sacrificar todo por los suyos, y que al final será engullido por un nuevo mundo donde solo importa cuánto dinero puedes generar para tu clan que a la larga abandonó los valores guerreros de Bushido para abrazar el frío mundo del capitalismo y sus símbolos de poder.
                                    
 Álvaro Lozano Gutiérrez


BROTHER (Crítica)

“Me gusta pensar que soy una alternativa al mainstream del cine de acción…
nunca haría una película de las que hace Hollywood”


Título original: Brother.
Año: 2000.
País: Japón.
Dirección: Takeshi Kitano
Guión: Takeshi Kitano.
Fotografía: Katsumi Yanagishima.
Música: Joe Hisaishi
Reparto: Beat Takeshi (Takeshi Kitano), Omar Epps, Claude Maki, Masaya Kato, Susumu Terajima, Royale Watkins, Lombardo Boyar, Ren Ósugi, Tatyana M. Ali,
Productora: Coproducción Japón-EEUU-Reino Unido; Recorded Picture Company / Office Kitano / Film Four / Bac Films.
Género: Yakuza-eiga.
Sinopsis: Un gángster yakuza, cuya familia en el crimen es aniquilada en una guerra de bandas en Tokyo, vuela hasta Los Ángeles en busca de su hermano. Atrapado en una cultura que no conoce, traba una improbable amistad con un joven vividor, y ambos se enredan en un lucha encarnizada para hacerse con el territorio de la droga del centro de Los Ángeles.

El camino del guerrero...

Podríamos decir que uno de los rasgos fundamentales del realizador Takeshi Kitano es un alejamiento consciente del llamado Modo de Representación Institucional,  el cual constituye hoy por hoy la manera narrativa impuesta por un sector de Hollywood y las propuestas del mainstream o  cine comercial . Así hace una deconstrucción de temas ya tratados en la gran pantalla logrando consolidar un estilo personal y, en cierto sentido, cambiar el relato sobre Japón y su relación con occidente.

Brother (2000) es precisamente una historia de destierro y sacrificio donde Kitano recorre el camino inverso de figuras mediáticas como Jackie Chan y Jet Li. Mientras estos representan el esfuerzo por americanizarse y asumir nuevos valores culturales, este se hace más enigmático y cerrado, se entrega cada vez más a  tradiciones atávicas ligadas al pasado del imperio japonés.



La figura de Aniki (Jefe en japonés) entra en contradicción con el mundo de donde proviene: después de la muerte de su señor yakuza el clan se disuelve y para sobrevivir su hermano (Kyodai) debe asesinarlo. Su lealtad  al antiguo código de honor (Bushido) le impide aceptar la deshonrosa paz y emprende el destierro sin saber que este mismo código le exigirá de nuevo el sacrificio, esta vez por un desconocido, por un hermano asimilado en el fragor de la batalla. El camino que le lleva al otro lado del Pacifico es en realidad un sendero de conocimiento interior, de búsqueda de un lugar en el mundo donde un guerrero encuentre el único final aceptable, una honorable muerte.
La contradicción aparece después en su relación con el nuevo grupo: todos son minorías cuyo arraigo ha colapsado y ahora se entregan al crimen de poca monta. Voluntad de aislamiento, pulsión de poder y deseo de muerte identifican al yakuza que poco a poco representa un modelo a seguir, pero se mantiene alejado de su entorno en una coraza que solo se irá quebrando en su relación con Denny, un afroamericano que recibe su último sacrificio. El héroe ha hecho su viaje para entregar su vida encontrando así la redención que plenifica su existencia.

Los recursos narrativos del director rompen con una propuesta fácil de tratamiento del tema, revelando una gran profundidad en el uso de las metáforas visuales. El modo paramétrico de montaje  muestra espacios vacíos donde solo tiempo después las figuras van apareciendo sin que aparentemente acción-causa-acción guarden relación en el relato. De la misma manera suicidios, matanzas y golpizas ocurren fuera del encuadre e incluso en la escena donde Aniki conoce a los secuaces de su hermano menor (Kojai) las figuras se recortan abruptamente sin mostrar sus rostros. El contra plano del diálogo se escinde para mostrar una relación de extrañeza entre quien habla y quien vive en su universo personal de naturaleza incomunicable. La figura del protagonista se muestra imperturbable detrás de unos lentes de sol, pero a la vez muestra un gran estado de crispación a través de un tic nervioso que atraviesa los rasgos del yakuza exiliado.


Sin lugar a dudas las influencias narrativas del cine de los años sesenta, momento histórico en que kitano vivió su adolescencia en Tokio, se dan cita a lo largo del metraje. La amistad viril explorada por los Spaguetti Western de Sergio Leone en filmes como La muerte tenía un precio (1965), El bueno el malo y el feo (1966) Erase una vez en el Oeste (1968) y Agáchate maldito (1971), para encontrar su  cenit en Erase una vez en América, una oda al sacrificio la traición y el crimen. El cine polar francés de Jean-Pierre Melville donde figuras oscuras y casi atemporales se dirigen conscientemente a su propia destrucción como consumación de un sacrificio y la donación de su existencia hacia otros. Bob le flambeur (1956), Le doulos (1962)  Le Samouraï (1967), pero sobre todo El ejército de las sombras (1969, retratan el mundo del hampa, pero a la vez, la nobleza de aquellos que estando a las orillas del imperio de la ley pueden ponerse por encima del hombre común y darlo todo en una última jugada o un desesperado gesto de dignidad. Ya sea con un estilo hierático como el de Alain Delon o frío y minimalista como el de Clint Eastwood, Kitano logra ponerse en el parnaso de los héroes más humanos que el cine haya podido narrar.                                    


Álvaro Lozano Gutiérrez

BOILING POINT. (Crítica)

“Japón no ha creado casi nada, ni en música ni en cine. 
Se tiene el sentimiento de que todo ha sido dado en este país inexistente”


Título original: (3-4x Jugatsu.
Año: 1990
País: Japón.
Dirección: Takeshi Kitano
Guión: Takeshi Kitano.
Fotografía: Katsumi Yanagishima.
Música: Varios.
Reparto: Beat Takeshi (Takeshi Kitano), Yûrei Yanagi, Yuriko Ishida, Gadarukanaru Taka, Eri Fuse, Masahiko Ono, Takahito Iguchi, Minoru Iizuka, Makoto Ashikawa.
Productora: Shochiku-Fuji Company / Bandai Visual Co. Ltd. / Yamada Right Vision Corporation.
Género: Yakuza-eiga.
Sinopsis: Dos miembros de un equipo de baseball junior se ven mezclados con la yakuza local. Después de que su entrenador sea herido por ellos, los dos chicos se van a Okinawa para hacerse con un arma y vengarse. Allí, los dos jóvenes se hacen amigos de un psicótico yakuza retirado llamado Uehara (Kitano), que tiene una deuda pendiente con la yakuza.

Delenda est fabula..

Takeshi Kitano, al igual que otros directores de su generación como Takeshi Mike, Kiyoshi Kurozawa o Sion Sono, es muy difícil de clasificar en los rígidos esquemas de la crítica tradicional. Algunos plantean que es el padre de una novísima Nueva Ola japonesa (nuberu bagú) cuyo punto de partida es el éxito de Hana-Bi en el festival de Venecia de 1997. Por otro lado la crítica de habla inglesa lo pone más cerca de fenómenos como el de Quentin Tarantino, Robert Rodríguez  y Park Chan-Wook, representantes de un estilo tremendista, violento e híper manierista y cuyo interés es llevar las formas estéticas del séptimo arte  a su límite en la pantalla. Por último  la academia europea (especialmente la francesa) lo alinea del lado de los posmodernos, de los deconstructores de la imagen, quienes  a través de la experimentación y un cine en todo caso imperfecto, desean hacer una crítica al Modo de Representación Institucional impuesto por Hollywood.


En todo caso el cine de Kitano rompe los esquemas de la venerable tradición japonesa (Kurozawa, Misoguchi, Ozu), pero también de lo que la crítica occidental construyó entorno a los imaginarios y la estética del cine nipón: La contemplación y lo trascendente expresado en un estilo elegíaco y noble. Desde su primera película Violen Cop (1989), el en otrora comediante Banzai (variante de nuestros Stand Comedy) muestra un gran interés por construir un cine propio y una estética que lejos de exaltar la violencia se convierte en una crítica a las sociedades post industriales, pero aún arraigadas en las formas más atávicas de lucha por la existencia.

 Precisamente Boiling Point (1990)  se convierte en un ejercicio de estilo donde el tema de los Yakuzas tomará dimensiones bien diferentes a sus predecesores. Las escenas se alejan del gran Tokio que constituye un lugar común en la cinematografía sobre el país del sol naciente. No es el espacio futurista y sin esperanza de Blade Runner (Scott, 1982), ni la metrópolis que lucha por conservar las tradiciones en medio del ruido de una gran urbe inhumana en continua metamorfosis de Tokio-Ga (Wenders, 1985), tampoco la ciudad laberíntica cumbre del problema de la incomunicabilidad en Lost in Translation (Coppola, 2003). La vida de los protagonistas transcurre en los suburbios de Tokio, en los intersticios entre la gran urbe y el campo. Es una historia de frontera que expresa  el drama del Japón posterior a las reformas del periodo Meiji. Si bien ha debido adaptarse  a grandes saltos a los cánones occidentales de la producción y el consumo en masa, su pasado guerrero feudal aparece en formas cada vez más sofisticadas de cultura entre las que se destacan los Yakuzas.
  

Esta forma de crimen organizado había sido retratada en el Yakuza –eiga por el director Kinji Fukasaku. En películas como Batallas sin honor ni humanidad (1973) o Yakuza no Hakaba : Kuchinashi no Hana, (1976), el  héroe se enfrenta al caos y la ruina que de alguna manera es impuesta desde afuera, por la bomba de Hiroshima por ejemplo, y que convierte la lucha por la supervivencia en una guerra dentro de un violento sistema donde hace tiempo se ha dejado de lado cualquier código de caballería Samurái, y no se está dispuesto al auto sacrificio. Kitano por su parte refleja  la decadencia de estos señores de la guerra.  Boiling point  comienza, no con una lucha entre grupos rivales o un pueblo azolado por un cacique local, sino con un juego de beisbol. En este el protagonista revela su ineptitud,  su incapacidad para asumir una tarea. Será el insulto a un miembro de uno de los clanes lo que desencadene la trama y nos lleve finalmente hasta Uehara, interpretado por el director Takeshi kitano. Una venganza aparece en el horizonte y todo desembocará en una guerra donde los débiles encuentran un aliado en aquel que deviene del mundo de los yakuza.

Con marcas de autor como planos fuera de eje, largos silencios, tiempos aparentemente muertos o alusiones al beisbol y escenas frente al mar, el director logra recrear huellas del proceso de producción cinematográfico. En este sentido va en contra corriente al Modo de Representación Institucional, cuya principal preocupación es borrar los rastros del dispositivo fílmico. Delenda est fabula, parece ser el Leivmotiv de Kitano.
                                      
 Álvaro Lozano Gutiérrez.